Le Strato

​We were lucky enough to spend a few amazing days in one of the best ski pistes in the world, Courchevel. We were surrounded by a snowy landscape, it looked like something out of a film, and stayed in one of the best hotels, Le Strato. We now understand why luxury and this lovely corner of the French Alps go hand in hand.

Le Strato, at 1850 metres high, was founded by Laurent Boix-Vives as the perfect mountain hideaway

. It has 25 suites which combine contemporary pieces with historic ones, creating a welcoming atmosphere which made us feel like we were staying in the tree house that we always wanted but never had. Although this tree house, had a tv in the tub and a spa bigger than 800 metres – it was certainly much better than anything that we could have ever imagined. Eating in one of its terraces, feeling the sun on our faces, taking in the silent from the frozen landscape and tucking into Jean Andre-Charial’s, from Baumeniere, two michelin star cooking transformed every single meal into an exquisite culinary experience.
Out of all the images that we have imprinted in our memory, the views from the bedrooms are the most breathtaking ones, looking on to a completely snowed mountain, which is quiet and stress free. We attended a ski class for the first time ever, and although one of us was better than the other (guess who) we enjoyed the adrenaline, the sense of freedom and relax. Three sensations which summarise our perception of luxury.

Hace una semana tuvimos la suerte de pasar unos días increíbles una de las zonas con las mejores pistas de esquí del mundo, Courchevel. Rodeados de un paisaje blanco de película y alojados en uno de sus mejores hoteles, Le Strato, entendimos porque se asocia la exclusividad y el lujo a este pequeño gran rincón de los Alpes franceses.

Le Strato, situado a 1850 metros de altura, fue fundado por Laurent Boix-Vives como un refugio perfecto en la montaña.

Cuenta con 25 suites donde se combinan a la perfección elementos contemporáneos con piezas históricas creando una atmosfera muy acogedora que nos hizo sentir como si estuviéramos en la cabaña del árbol que siempre quisimos tener. Eso sí, con televisión en la bañera y un spa de más de 800 metros, mucho mejor de lo que siempre pudimos imaginar. Almorzar en su terraza, al calor del sol y disfrutando del silencio del paisaje congelado y de la cocina de Jean André-Charial, de Baumeniére, con dos estrellas michelín, hacía que cada comida se convirtiera en toda una experiencia.
De todas las imágenes que tenemos registradas en nuestra memoria, las vistas desde cualquiera de sus habitaciones son de lo más impresionante que hemos visto nunca, un inmenso paisaje nevado y tranquilo, sin estrés ni ruido. Por primera vez en nuestra vida asistimos a una clase de esquí, y aunque uno fue mejor que otro (adivinad quién) disfrutamos mucho de las sensaciones que te ofrece: adrenalida, libertad y relax. Tres sensaciones que resumen perfectamente lo que es para nosotros el lujo.