Guys Wearing Jeans

Simplicity of daily life. A big group of guys go to work. They are workers and they work in New York. They stop to have lunch sitting on a beam without knowing they will actually be part of the history.
Years after, a young man dreams with succeed in music world. His name is Marky and he decide to use Mark as his surname. He sings Rap and he dance too, showing his muscles as anybody else and becoming famous by being the face of an underwear advert. There is a time when everything he touches turns into gold. Same story is repeated by a naive blonde hair actor. Performing in a film as a desire object and seducing two women that wanted to run away. His name is Brad and we didn’t know him by the time… poor things!

Oddly enough, even if somebody hasn’t noticed it yet, they all have something in common. A garment, a piece that has jumped in every single wardrobe around the capitalistic world. Denim is an object of desire. A fabric that supports every kind of weather, physical effort, sweat and heavy hand. To be honest, it was easy to remove that proletariat smell from it. Comfort turned into sensuality by Mark Wahlberg. Awaking the desire never was that cheap.
Hard shapes, touching thighs and warm crotch. Bruce Springsteen flaunting of his back claiming he was born in the U.S.A. Beating hearts with every hip move. It wasn’t the singer, it was his jeans.

Fashion and it’s eagerness of awaking our consumerist side, almost obligating us to dress erotism. Decorating nature to awaken others sexappeal – as if it wasn’t enough with the one we all have and as if less wasn’t really more. Things that, on a paper, highlight our potential and hide the things we want to hide. It’s ridiculous. Desire is, in the end, in the most simple places, you know, simplicity of everyday life. Anybody can’t resist an unmade bed plus an undressed torso and an undone pair of jeans, isn’t it true? Come, see and let your imagination fly. Give yourself a treat, fall into guys wearing jeans, without t-shirt if possible, please.

La sencillez de lo cotidiano. Un nutrido grupo de hombres se dirige a trabajar. Son obreros y desempeñan sus tareas en Nueva York. Pararán a almorzar, se sentarán en una viga flotante y, sin saberlo, pasarán a formar parte de la historia. Años después, un joven soñará con triunfar en el mundo de la música. Se llama Marky y decidirá ponerse como apellido su mismo nombre, Mark. Rapeará y bailará, lucirá músculo como nadie había lucido y saltará a la fama gracias a un anuncio de ropa interior. Todo lo que tocará, durante una época, se convertirá en oro. Lo mismo le pasará a un inocente actor de melenita rubia. Fichará como objeto de deseo en una película y seducirá a dos mujeres con ganas de coger un coche y escapar de todo. Brad era su nombre y, entonces, todavía no le conocíamos. ¡Qué ilusos!

Aunque parezca mentira -y si es que alguien todavía no se ha dado cuenta-, todos tenían algo en común. Una prenda que, de forma explosiva, ha conseguido colarse en los armarios de cada ser humano del mundo capitalista. El denim como objeto de deseo. Un tejido ideado para soportar las inclemencias del tiempo y el esfuerzo físico, el sudor y la mano dura. Tampoco nos costó mucho quitarle el olor a proletariado. La comodidad transformada en seducción a golpe de Mark Wahlberg. Despertar el deseo nunca había sido tan barato. La rudeza de las formas, el roce de los muslos, el calor de la entrepierna. Bruce Springsteen luciendo culo reventón para declarar que había nacido en Estados Unidos. Corazones latiendo con cada golpe de cadera. No fue el cantante, fueron sus vaqueros.

La moda, en su afán de cosquillear nuestro consumismo, se ha empeñado en crearnos la necesidad de vestir el erotismo. Adornar la naturaleza con prendas pensadas para despertar el sexappeal ajeno. Como si no tuviésemos bastante con lo nuestro. Como si menos, incluso en estos extremos, no fuese más. Recursos que, en una oficina y sobre el papel, realzan lo potenciable y nos camuflan las vergüenzas. Ridiculeces. El deseo, al final, se esconde en los lugares más básicos. Ya saben, la sencillez de lo cotidiano. No menospreciemos la sabiduría de la naturaleza. ¿O acaso alguien puede resistirse a una cama desecha, un torso descubierto y unos vaqueros desabrochados? Pasen, vean y dejen volar la imaginación. Ríndanse al encanto de los hombres con vaqueros. Guys wearing jeans. A poder ser, sin camiseta. Por favor.